miércoles, 23 de junio de 2010

De deseo se trata

“Cuando alguien desea algo debe saber que corre riesgos y por eso la vida vale la pena”. (Paulo Coelho)

Si bien el deseo es importante, la capacidad de decidir si lo que se desea es verdaderamente viable y eficiente también lo es.
Pero lo verdaderamente importante es la capacidad de desear lo posible.
La gran parte de las actividades de los seres humanos se centran en el deseo. Sin embargo, desear es tan grato como ingrato es no lograrlo. Es de inteligencia absoluta y propia nuevamente del ser humano, anhelar con medidas, aunque las medidas puedan ser desproporcionadas en ocasiones.
Quise empezar ésta entrada de esta manera, porque precisamente creo prudente darle valor “in natura” al oficio que me compete. Si bien el acto de diseñar está rodeado de argumentos técnicos que lo soportan, evidenciar que es propio del “ser”, de lo espiritual, de la introspección, la creatividad; el concepto del diseño, es imprescindible y necesario. Evidenciar que la combinación de deseo y viabilidad, de percepción y proporción, plástica y técnica, son en términos absolutos… inseparables. Porque el acto de diseño es pasión y pensamiento, es la relación entre sentimientos, percepciones, motivaciones, espiritualidad… el ser; versus, la norma, la proporción, el hacer… lo humano. De allí que sea un riesgo, un simple desequilibrio en esta balanza y la condición de “ser humano” se convierte en sospecha.

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